¡Me mordió! ¿Qué hacer si nos ataca un perro?

A continuación hablaremos de cómo reaccionar ante la agresión de un perro, cómo evitar la mordida y cómo actuar frente a la mordida. Lo más importante ante la agresión de un perro es tratar de identificar la causa de la misma. Ningún perro nos va a atacar sin razón, los ataques sin razón aparente responden generalmente a problemas físicos en el perro, ya sea neurológicos, visuales o auditivos, fuera de estos problemas físicos el perro muerde por tres razones generales que son: la autoprotección, la protección del grupo o manada y el alimento cuando cazan. Debido a esto los perros que presentan cuadros de inseguridad, miedos o fobias son los más propensos a morder y muchas veces mal catalogados como agresivos.

Al identificar la causa de la agresión podemos entender que el perro puede malinterpretarnos y considerarnos una amenaza cuando no lo somos, como puede pasar en los casos de corredores, ciclistas, motociclistas o inclusive niños que corren y juegan ya que el movimiento activa el instinto de caza y presa del perro o simplemente considerarnos una amenaza que entra en su territorio.

Si analizamos las situaciones en las que un perro muerde a un humano las podemos separar en dos grandes grupos que son cuando el humano se acerca al perro y cuando el perro se acerca al humano. Para prevenir la mordida en los casos en los que somos nosotros los que nos acercamos al perro y este, por ejemplo, está comiendo, mordiendo un juguete o durmiendo y el perro gruñe, muestra los dientes y se eriza, podemos simplemente alejarnos eliminando la amenaza para el perro y de esta manera cortar la escalada de agresión que deriva en una mordida. En estos casos es recomendable consultar un profesional ya que este tipo de actitudes responden a problemas de comportamiento como inseguridad, posesividad u obsesiones. Hay que recordar que si el perro se encuentra herido su instinto de auto conservación lo llevará a defenderse, siendo causa de esta mordida la autoprotección, por lo que debemos tener especial cuidado en estos casos.

En los casos en los cuales vemos que el perro viene a nosotros o se dirige hacia otra persona, debemos, antes que nada, mantener la calma. La capacidad de los perros para oler o percibir el miedo no es más que un mito, pero si nuestro lenguaje corporal le muestra que estamos intimidados por él, su confianza aumentará y así su actitud agresiva. En cualquier caso es importante no correr para escapar del perro, esto estimularía todavía más su instinto de caza y presa y debemos recordar que los perros son más rápidos que los humanos por lo que no tendría ningún sentido el correr y podríamos aumentar la intensidad del ataque. Lo más aconsejable es quedarse quieto, si el perro nos consideró una amenaza por nuestro movimiento o despertamos su instinto de caza y presa, al quedarnos quietos este desistirá y nos podremos alejar lentamente. Si el perro no desiste hay que tener en cuenta que el ataque del perro, generalmente, es un proceso ascendente, esto significa que su agresión irá de menos a más por lo que es probable que el perro se detenga y nos ladre mostrando los dientes en actitud agresiva pero tratando de impresionarnos. Manteniendo la calma y mientras permanecemos quietos, es importante nunca mirar al perro a los ojos, el contacto visual directo será interpretado por parte del perro como un desafío, una confrontación por lo que aumentará la intensidad de la agresión, debemos mantenerlo vigilado pero sin establecer nunca contacto visual directo.

En este punto debemos preparar nuestro cuerpo para una eventual mordida, el perro puede comenzar a golpearnos con el osico pasando a dar golpes con sus dientes, luego a propinarnos mordidas rápidas que no penetran la piel, pasando por mordidas rápidas que penetran la piel y por último y la más peligrosa la mordida que se sostiene en el tiempo con sacudidas. Para reducir el daño que el perro puede generar en nuestro cuerpo y dificultarle el mordernos debemos cerrar los puños para proteger nuestros dedos y manteniendo los brazos abajo, pegarlos a nuestro cuerpo como también cerrar las piernas y el ponernos de costado al perro le dificultará el acceso a nuestra cara y cuello. En esta etapa podemos intentar distraer al perro arrojando en otra dirección cualquier objeto que tengamos con nosotros como una botella de agua, una mochila o un paquete de cigarrillos, lo que nos dará una oportunidad de alejarnos lentamente.

Por último si el perro no desiste sólo nos queda una cosa por hacer para prevenir la mordida y es pasar a la intimidación, la mejor forma de hacerlo sin provocar la mordida es, manteniendo la actitud corporal que describimos anteriormente, gritarle en tono firme y lo más grave que nos sea posible ¡no, fuera, cucha! El tono de voz firme y grave es sumamente importante ya que un tono de voz agudo o dubitativo sólo le hará saber al perro que estamos siendo intimidados por él y como dijimos anteriormente aumentará su confianza y así su intensidad.

En el caso de que veamos el perro dirigirse a otra persona sólo debemos interponernos entre el perro y la persona y manteniéndola detrás nuestro apegarse a los pasos antes descriptos. Si nuestros intentos por prevenir la mordida no tienen éxito debemos asumir que seremos mordidos, este no es un detalle menor ya que esto nos ayudará a mantener la calma y así lograr razonar sobre la mordida. De acuerdo a lo que mencionamos anteriormente sobre la evolución ascendente del ataque el perro nos propinará mordidas rápidas y que independientemente de que penetren o no la piel, no se sostendrán en el tiempo por lo que ante estas mordidas primero que nada nunca debemos intentar retirar la parte del cuerpo que está siendo mordida de la boca del perro.

Para que se entienda usaremos el ejemplo de mordidas en la mano. Esto es especialmente difícil ya que es un reflejo natural el intentar retirar la mano si es mordida, pero de hacerlo una mordida que provoca daños mayormente por el golpe de los dientes y no por la penetración de los mismos, puede desgarrar generando un mayor daño causado por el impulso de retirar la mano. Si el perro nos está propinando mordidas rápidas y reiteradas va a tener una tendencia natural a tirar de nuestra mano, con el mismo espíritu de salir de la situación con el menor daño posible, debemos acompañar el movimiento del perro. Esto significa que si nos muerde la mano es mejor empujarla hacia el perro que tirar de ella para así acompañar el natural movimiento del mismo.

Ahora estamos siendo mordidos y acompañamos el movimiento del perro pero lo que hará que el perro deje de mordernos es nuestra falta de reacción, el perro morderá y si no hay reacción soltará rápidamente y se alejará dándonos la oportunidad de retirarnos lentamente, para este tipo de mordidas no es recomendable luchar con el perro ya que esto sólo aumentará la intensidad del ataque y así el daño producido por este. Esta es una situación sumamente estresante tanto para nosotros como para el perro y él al igual que nosotros, intentará salir de esta lo antes posible por lo que es especialmente raro que un perro que no tiene entrenamiento para morder pase a la mordida sostenida con sacudidas si seguimos todos los pasos que describimos anteriormente.

Sin importar que tipo de mordida recibamos hay que consultar con un médico para asegurarnos que no tenemos un daño interno en los tejidos y prevenir infecciones, de la misma manera que tratar de contactar al dueño del perro para asegurarnos de que el perro tenga el plan de vacunación completo y actualizado, reportar el hecho previene de que se repita el suceso y recordemos que los responsables somos nosotros, los humanos, culpar al perro por la falta de responsabilidad del humano es tapar el sol con un dedo.

 

Andrés Peirano.